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ARIOCARPUS FURFURACEUS

El Ariocarpus furfuraceus es nativo de México, Coahuila.  Pertenecen a un género de plantas que tienen fama de ser difíciles de cultivar y, sobre todo, muy lentas en su crecimiento.  Su taxonomía ha sido cambiada en 1992 y hoy se le conoce también como Ariocarpus retusus var. furfuraceus.  Se le puede distinguir porque sus hojas se van arrugando con la edad, pierden su tersura triangular y se vuelven muy rugosas.

 

La planta es de color verde azulado con un aspecto más o menos ceniciento.  Es aplanada, formando un tallo de hasta 16 cm de diámetro compuesto por hojas triangulares que se vuelven muy rugosas con la edad.  Las areolas se hayan situadas en el extremo de sus tubérculos y son lanosas.  Cuando el cactus llega a la madurez sexual, desarrolla un pseudo-cephallium, una zona densamente lanosa en el ápice de la planta, desde donde se inicia la formación de las flores.

 

Todos los Ariocarpus son unos fenómenos de la supervivencia sin agua.  El secreto de su éxito reside en la formación de una gruesa raíz donde acumula agua y elementos nutritivos para los malos tiempos.  La raíz de los Ariocarpus es rica en hidratos de carbono y podría llegar a ser comestible de no ser por un cierto contenido en compuestos alcaloides, lo que convierte su ingesta en una aventura más o menos alucinógena.

Ante una época de sequía prolongada, la raíz tiende a encogerse como un acordeón arrastrando a la planta hacia la tierra, llegando incluso a ser cubierta por el polvo y la arenilla que arrastra el viento.  Estos cactus pueden llevar una vida casi subterránea, aislados de la luz y de las altas temperaturas de la exposición al sol, durante largas temporadas.  Se dice que pueden aguantar más de 2 años sin una gota de agua y temperaturas superiores a los 60 grados.

Todas las energías de esta planta van dirigidas al momento crucial de la floración y reproducción.  Con la llegada de una corta época de lluvias, la raíz se vuelve turgente por el agua que acumula ansiosamente, el cactus aflora a la superficie y tiene que conseguir, en una verdadera carrera contra reloj, una rápida formación de las flores que sean capaces de atraer a los insectos y conseguir la ansiada polinización que asegurará su permanencia como especie.

 Las flores son blancas con algún tono rosado, de unos 4,5 cm de diámetro y, al fondo, los estigmas polinizadores de un brillante color naranja.  La fórmula de colores parece que funciona bien y los insectos son atraídos rápidamente por tan bella floración.

 

Otro As que conservan en la manga los Ariocarpus consiste en la posibilidad de retener las semillas dentro de la lanosidad de su ápice en sus higos ya secos a la espera de tiempos mejores.  Las semillas de esta especie mantienen su capacidad de germinación hasta 7 años, y más si se las conserva en buenas condiciones.

Cuando compréis un Ariocarpus que no sea injertado.  Necesitan una tierra con un buen drenaje y un PH de 6-6,5.  Necesitan pleno sol y pueden sufrir heladas siempre y cuando que la planta esté en seco para más seguridad.  En cultivo, tienden a perder la raíz con cierta facilidad ante excesos de humedad y enfermedades producidas por hongos.  Esto provoca que su crecimiento nos parezca aleatorio;  algunos años van bien, otros no tanto, y otros no van para nada.

 

No hay que emplear ningún tipo de abono ni intentar forzar su crecimiento de ninguna forma.  Sequedad absoluta durante la época fría y riegos moderados el resto del año.  Por último, un "secreto" para conseguir una espléndida floración en plantas que tengan ya un cierto tamaño:  Sin riego del 15 de Junio al 15 de Agosto, del 15 de Agosto al 30 de Agosto riego cada 3 días en profundidad.  En Septiembre... floraciones espectaculares!!!

 Y como siempre:  Tratamientos periódicos con fungicidas son imprescindibles. ¡Suerte!

 Dr. Risco

   

       

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