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I PRESENTACIÓN.
Hace muchos años que estoy cautivado por el mundo de los cactus y las plantas
crasas. Me atrajeron, como a muchos, esas pequeñas macetitas que vendían en
mercaditos con plantas minúsculas y formas raras y atractivas.
Adquirí unas diez plantitas, las transplanté
a un cuenco de barro, las saqué a la terraza y, por supuesto, me olvidé de ellas
completamente. Unos meses más tarde, en Mayo, reparé en el cuenco. Había dos
o tres cadáveres que eliminé, una planta crasa que había crecido mucho y
desproporcionaba el conjunto y, maravilla, una pequeña Mammillaria en
flor.
En fin, transplanté las supervivientes y
comencé a prestarles más atención. Unos meses más tarde ya tenía alrededor de
100 macetitas en la terraza y, para colmo, me regalaron un libro sobre cactus lo
que significó mi absoluta perdición.
En tan sólo un año ya no teníamos terraza
que se había convertido en un cactario. Mi mujer no estaba muy contenta, por
lo que tuve que comenzar la invasión del jardín. Aprovechaba viajes que
realizaba a Alemania para comprar bibliografía y visitar invernaderos para
comprar nuevos especimenes que era imposible encontrar en España. Comencé a
importar semillas de Estados Unidos, escribir a jardines botánicos, etc.
Unos ocho años más tarde, tenía cerca de
3.000 cactus repartidos por todo el terreno, había construido algún
mini-invernadero chapucero y mi jardín era el asombro de todos los vecinos.
Los cactus crecían cada vez más, me daban un trabajo tremendo, empezaba a tener
problemas de espacio y mi mujer me había dado por imposible.
En 1991 alquilé unas mesas en un invernadero
y empecé a hacer pruebas con plantación de semillas, tests de adaptación de
especies raras y estudios exhaustivos por familias de cactus y plantas exóticas.
En 1993, gracias a las generosas aportaciones de la Fundación Hórrida, pude por
fin construir un jardín de cactus y plantas crasas e instalar mis propios
invernaderos.
Esta Guía de Cultivo es un resumen de mis
experiencias y frustraciones como coleccionista, de las investigaciones
realizadas en nuestro invernadero comercial y del estudio de bibliografías
especializadas así como de la experiencia de otros cultivadores y amigos
cactófilos. Como muy pronto descubriréis, es un trabajo un poco anárquico
que intenta ser entretenido, distinto a lo que hayáis podido leer sobre el tema
y que incluso es, a veces, contradictorio a las normas de cultivo tradicional
que emplean muchos autores.
Para acabar, pedir perdón a eruditos,
sistemáticos, taxonomistas y demás sabios y cactomaníacos por las libertades que
me he tomado. Sean indulgentes con este humilde aficionado,
Dr. Risco

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