Eliminaremos todas las raíces hasta casi llegar a la base del cactus. Si no
tenemos claro que el cuello de la planta esté sano, tendremos que cortar el
cactus como si fuera un esqueje hasta que encontremos una zona libre de manchas
y con buen aspecto. Verificar que el corte no tiene decoloraciones raras o
manchas oscuras en algunas zonas; debe tener un aspecto y color uniforme.
Tanto si hemos podado las raíces como si hemos tenido que cortar parte del
tallo, vamos a preparar con una cucharadita de cualquier fungicida
sistémico mencionado una mezcla muy concentrada con unas cuantas gotas de
agua. A continuación, con un pincel o con el dedo, vamos a “pintar” las heridas
en raíces o cuello que hayamos podido provocar. Cuando haya secado la mezcla
nos aseguramos de que toda la zona afectada está recubierta por el fungicida.
Vamos a dejar la planta secando en una zona con aireación y protegida del sol
durante al menos una semana si sólo hemos cortado raíces, o tres semanas si
hemos cortado el cuello o tallo del cactus.
Pasado ese tiempo, verificamos que el corte o heridas parecen secas, que no
hay indicios de que continúe la pudrición, prepararemos una nueva mezcla de
substrato con los tres o cuatro primeros cm de la superficie muy drenados con
arena o gravilla y depositaremos los cactus globulares simplemente sobre la
superficie ejerciendo una ligera presión, o introduciremos los tallos columnares
del orden de 3-4 cm en la tierra, fijándolos con una vara o tutor para asegurar
la verticalidad. Es muy importante que los coloquemos en un sitio sombrado y
seco.
Al cabo de tres semanas daremos tímidamente nuestro primer riego con Euparen.
Quince días más tarde repetiremos el riego también con Euparen y los situaremos
ya en una zona soleada, pudiendo iniciar ya un ritmo de riego más normal aunque
prudente, sin excesos. Normalmente, si el cactus ha reaccionado, empezaremos
a notar ciertas mejorías en su color, volumen, signos de crecimiento, etc.
Con síntomas favorables ya podemos adaptarlos de nuevo a nuestra distribución de
riego normal. Si la pudrición continuara hay que repetir el proceso.
Básicamente nuestro éxito va a depender de la vitalidad de la planta y de que
nuestra poda o corte haya llegado a una zona sana del cactus. Por ejemplo, en
un cactus columnar no ahorremos cm de corte en el tallo y asegurémonos de que
el tejido que vemos al podarlo está sano. Las pudriciones que se desarrollan
sin absorción del agua son las más peligrosas ya que suelen estar muy
extendidas dentro de los tejidos vasculares del cactus por lo que es difícil
aislar zonas sanas.
Cactus con raíces napiformes son los más dados a perder absorción como medio de
defensa para entorpecer la propagación del hongo. Se espesa el parénquima
y el circuito de savia circula lentamente o no circula, entorpeciendo el medio
de desarrollo de estas enfermedades y paralizando la actividad de la planta.