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XXVI LOS ABONOS QUÍMICOS.
Los cactus y los abonos.
Dentro de la parte de vida apacible que llevan nuestros cactus
como turistas exóticos en nuestras tierras, se encuentra la sorpresa de
descubrir que nuestro jardín o maceta es un restaurante de 5 tenedores donde
nunca faltan platos exquisitos. En algunos casos, tal es la aridez de sus zonas
de origen que incluso plantados en substratos casi inertes, como la turba rubia
de sphagnum, son capaces de prosperar sin problemas. En parte se puede explicar
por la contaminación de nuestras aguas con la incorporación de nitritos y sales
que provienen de los abonados intensivos en agricultura, y por otra, por la
legión de bacterias, hongos y microorganismos que se desarrollan en la tierra,
gracias a nuestro clima y ecosistema, y que van transformando lentamente la
composición química de nuestros substratos, la llamada
degradación.
Con agua abundante y alimento suficiente, ¿qué más puede pedir un cactus?
Pues, por ejemplo, una mariscada con langosta, café, copa de Carlos I y un buen
puro. ¿O pensabais que los cactus son tontos? Los cactus son excelentes
glotones que tenemos que vigilar para que no enfermen por excesos culinarios.
Una vez que tenemos a nuestro turista instalado en su maceta, empieza una
vertiginosa carrera hacia la adaptación. Para eso usa una información genética
que le da las pautas a seguir para aclimatarse a nuestro medio. El uso de
abonos es una bomba dentro de ese proceso, que puede provocar excelentes
resultados o fatales consecuencias.
Los abonos químicos: Los
macroelementos.
Son elementos químicos básicos para
la nutrición de las plantas. Son consumidos en gran cantidad por éstas, y la
falta de alguno de ellos puede traer consigo un mal crecimiento. De la misma
manera, un exceso puede provocar bloqueos que impidan la absorción de éstos por
las plantas. Los macroelementos que aparecen en cualquier fórmula comercial
son:
N
Nitrógeno. Incita el crecimiento de la planta. Los cactus reaccionan de forma
inmediata si detectan este elemento en el entorno de la raíz. Su falta provoca
una parada de crecimiento y empeoramiento del aspecto general de la planta con
coloraciones raras. Podemos definir al nitrógeno como el factor principal del
desarrollo de las plantas. Los cactus, singularmente, no necesitan grandes
cantidades de éste para prosperar relativamente bien.
P
Fósforo. Potencia el crecimiento de las raíces y es fundamental para la
formación de flores, frutos y semillas. Con una aportación adecuada de fósforo,
podemos obtener floraciones espectaculares de nuestros cactus. La escasez
induce un crecimiento pobre de las plantas, con escaso desarrollo del tallo y
las raíces.
K
Potasio. Al igual que en los humanos la sal, el potasio es fundamental para
evitar deshidrataciones. Los cactus, dadas sus características, tienen un
sofisticado control para regular las pérdidas de agua en períodos de escasez.
Una falta de este elemento reduce la resistencia del cactus al stress hídrico y
puede provocar el colapso o la desecación de la planta, sus ramas o hijuelos.
Todos los abonos deberían llevar etiquetada la famosa fórmula N-P-K en
sus envases, cosa que no siempre ocurre.
Los abonos químicos: los
microelementos.
Son elementos químicos consumidos en
poca cantidad, a veces trazas, por las plantas. Los principales son: Magnesio,
calcio, hierro, azufre, cobre, manganeso, cinc, molibdeno, bórax, etc. Los
fundamentales son:
Mg
Magnesio. Podríamos incluir al Mg como un macroelemento ya que los cactus lo
consumen en una apreciable cantidad. Es básico para la función de la
fotosíntesis y la calidad de la clorofila de las plantas. Se intuye su escasez
por una baja intensidad en la coloración de la planta, con tonos apagados y
enfermizos.
Ca
Calcio. Influye en la formación de tallos robustos, desarrollo turgente de la
planta, sistema radicular y formación de espinas y lanosidad vigorosas. Se
detecta con facilidad su falta en cactus que lucen una pobre espinosidad aunque
estén situados a pleno sol. Por el contrario, un exceso puede provocar un
bloqueo en la absorción de hierro que desarrolla la llamada “clorosis férrica”,
con amarilleamiento de la planta y decaimiento general de ésta.
El etiquetado comercial de los abonos.
Desde hace unos años, los
fabricantes europeos se han visto obligados a reseñar en sus etiquetas la
llamada fórmula N-P-K, el origen y la composición de la misma, la inclusión o
no de microelementos y cuáles. En España, algunos fabricante se saltan esta
norma a la torera. Por ejemplo, deberían decirnos si el origen del nitrógeno es
urea animal, nitrato, o si el fósforo viene en forma de anhídrido fosfórico,
etc. Si bien ello es trasparente para muchos compradores, si que tiene una gran
importancia en la relación calidad-precio, ya que marcas de abono, haberlas
haylas, pero muchas con dudosa calidad.
Rechacemos abonos mal etiquetados y chollos tipo “abono especial Pryca” si vemos
que no especifica correctamente su contenido. Tomemos nota de la fórmula N-P-K,
por ejemplo 7-7-10, y observemos si contiene microelementos o si se trata sólo
de un abono básico. Conviene constatar si lleva Magnesio lo que constituye una
buena propina para nosotros. Por cierto, si vemos un cuarto elemento en la
fórmula, ejemplo 7-7-10-2, el 2 se refiere siempre al magnesio, elemento que
según su proporción se incluye en los macros o micros a gusto del fabricante.
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