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XXXII MANTENIMIENTO: LOS INJERTOS.
El éxito de un injerto.

Si cortamos el tallo de un cactus en
un plano horizontal, descubriremos un anillo circular de tejidos fibrosos que
destacan sobre el resto. En ese anillo se halla la principal red de tejidos
vasculares del cactus que sirve para transportar la savia a todo la planta. Es
necesario que hagamos coincidir el anillo vascular de la planta a injertar con
la del pie del injerto.

Normalmente, a no ser
que los tejidos vasculares coincidan exactamente, nos veremos obligados a
desplazar al injerto más o menos hacia un lado para asegurarnos de que los
tejidos vasculares contacten plenamente en algún punto. A partir de esa zona de
contacto, por muy pequeña que sea, la planta injertada se adaptará y se irá
uniendo completamente a la planta patrón con el paso del tiempo.

Dependiendo del tamaño
de la planta a injertar, podemos observar como hemos desplazado el injerto
lateralmente para asegurar un punto de contacto correcto.
Otras consideraciones sobre los
injertos.
Uno de los injertos más
difíciles de realizar lo constituye el de una Opuntia sobre otra. Nosotros
hemos conseguido algún éxito usando como pie a la Opuntia subulata.
La reacción de la planta
injertada es imprevisible y, frecuentemente, sufre profundas modificaciones en
tamaño, espinosidad y aspecto general. El pie del injerto puede decaer con el
tiempo y es muy difícil volver a enraizar correctamente una planta injertada.
Por supuesto, desde el
punto de vista de la Adaptación, los injertos no contribuyen en nada a la
aclimatación de la planta. Por ejemplo, puede ser que la época de actividad del
patrón no coincida exactamente con la del huésped, o viceversa. Normalmente, el
primero que decae suele ser el pie del injerto que siempre es mucho más débil
ante plagas y enfermedades. Deberíamos de usar esta técnica como simple
curiosidad o para salvar plantas in extremis. No constituye una técnica
recomendable para mantener una colección.
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