|
XIII La Multiplicación
Sexual.

La flor de los Lithops crece desde la
base del tallo. Consiste en un tubo floral que nace en la
base de la planta y que avanza verticalmente hasta que,
separando las hojas y forzando una pequeña abertura, logra
salir al exterior y desarrollar el capullo. Podríamos decir
que se trata de una hoja especializada y modificada para la
función reproductora.
Morfológicamente, la flor de los
Lithops no presenta novedades con respecto a la de otras
plantas de jardín. Salvo excepciones, estas plantas no son
autoestériles y pueden aceptar su propio polen o el de otras
especies para fructificar.
Para poner las cosas más difíciles a
los estudiosos, estas plantas se hibridan entre sí muy
fácilmente por lo que su material genético está en constante
transformación.
La flor de un Lithops permanece
abierta durante unas horas y a diario entre 3 y 7 días. El
aporte de agua al tubo floral durante la floración se
realiza desde la raíz y el tallo. En sus hábitats, solo se
observan floraciones en cortos períodos que siguen a días
lluviosos. Según diversos autores, el espectáculo de
colonias de Lithops en floración es inolvidable. Durante
esos días, estas plantas son perfectamente visibles y sufren
los ataques de sus enemigos naturales.
  
Si todo funciona bien, la flor decae
y se seca y comienza la fructificación. El fruto de los
Lithops está formado por una especie de cápsulas que se
alinean geométricamente formando extraños polígonos de 5 a
12 lados. Dentro de estas cápsulas se hallan las semillas
perfectamente conservadas (pueden aguantar hasta 7 años
dentro de esos recipientes y mantener su capacidad de
germinación).

Cápsula cerrada
Solamente en el caso de que llegue
una época de lluvias muy favorable, inducidas por la
humedad, las cápsulas se abrirán y permitirán la dispersión
de las semillas que se encuentran “hibernadas” en su
interior. De todas formas, las cápsulas se abren a lo largo
de períodos sucesivos, sin vaciarse de una sola vez, lo que
favorece las posibilidades de germinación.

Cápsula abierta al detectar
lluvia
Pero, desde luego, la vida de una
semilla de Lithops no es nada fácil. Para empezar, su
tamaño es parecido a una mota de polvo difícil de distinguir
a simple vista. Una de las sorpresas con las que se
encuentra un cultivador de plantas crasas: Importamos, en
una ocasión, 10.000 semillas de Lithops y lo que recibimos
fue un sobrecito transparente con algo así como un polvo
marrón-rojizo en su interior. Pues efectivamente, esas
motas de polvo eran semillas de Lithops. Pesamos el sobre
por curiosidad y descubrimos que 10.000 semillas de Lithops
pesan unos 1,2 g. ¡Digamos que 8.000 semillas son más o menos
1g. !
El casi microscópico tamaño de sus semillas tiene una
ventaja evidente que es el producir una enorme cantidad de
semillas con el mínimo gasto de energía. En la Reserva
Natural de Hester Malan, en Namibia, se midieron las
siguientes cantidades de semillas viables por metro cuadrado
después de un período de tres días lluviosos en un espacio
de 12 días: En llanuras arenosas, 41.000 semillas por m2,
en pendientes, 23.000, en zonas extremadamente secas,
13.750, en colinas montañosas, 9.750, y, finalmente, en
zonas rocosas, 5.000 semillas.
Tamaña cantidad de semillas nos
podría dar la imagen de que la germinación está asegurada,
pero la realidad es muy diferente. Se marcaron 20 áreas de
medio m2 cada una por diversas zonas y a los 21 días después
de esas lluvias existían 381 plántulas de Lithops viables.
Diez días más tarde, sin una gota de agua, quedaban solo 102
supervivientes. Al llegar una nueva lluvia, tres semanas
más tarde, solo habían sobrevivido 40 plantas. En diez de
las áreas marcadas la mortandad fue del 100%. En la otra
mitad las pérdidas oscilaron entre el 81 y el 86% de las
plantas viables, lo que nos puede dar una idea de las
difíciles condiciones de germinación. |