Lithops, Guía de Cultivo  

XV  Un año en la vida de un Lithops (cont.).

                        A mediados de Junio, Paquito se hallaba semi inconsciente; había perdido casi la totalidad de sus raíces y sus reservas de agua apenas llegaban al 30% de las que tenía en Enero.  Por fin, el 9 de Julio, exactamente 181 días después de la última lluvia, se formó una impresionante tormenta en cuestión de unas pocas horas que descargó un buen aguacero que duró unos 15 minutos.  La raíz central de la planta, prácticamente la única que seguía viva, detectó a los pocos instantes la presencia de agua en el substrato, se alertaron todos los recursos genéticos del Lithops, y Paquito resucitó...

                         Tan solo unas horas después de la tormenta, Paquito había comenzado frenéticamente a producir filamentos con células absorbentes en la raíz, empleando todas las pocas energías  que le quedaban en  crear  nuevas yemas para  reconstruir su maltrecho  sistema  radicular.

                          En menos de 24 h. Paquito había comenzado a recuperar agua que fue almacenando en sus dilatadas acuolas.  Esa noche no pudo realizar ningún intercambio gaseoso pero siguió haciendo acopio de agua.

                         Tan solo 48 h. después de la caída de la lluvia, había recuperado un 25% del volumen de agua perdido en los últimos meses.  Su nuevo par de hojas se había hinchado y había logrado, después de grandes esfuerzos y por pura tensión, resquebrajar un poquito la corteza seca en que se habían convertido las antiguas.  Por fin le llegaba algo de luz solar con la suficiente intensidad después de esos tres angustiosos meses.  Feliz y contento realizó el proceso de fotosíntesis y logró acumular gran cantidad de ácidos durante el día.  Esa noche, abrió a tope las pocas estomas que tenía al aire libre a través de las fisuras en las viejas hojas, realizó el intercambio gaseoso y pudo, alegremente, acumular hidratos de carbono y energía.  Esa noche, nuestro amigo se dio un buen atracón.

                         Cinco días más tarde volvió a llover.  También hubo alguna corta tormenta a lo largo de Agosto.  El aspecto de Paquito había cambiado completamente y parecía una planta nueva.  Su piel lucía turgente y brillante; había crecido un montón y ostentaba un magnífico par de hojas de 3 cm cada uno que disimulaba con bellos colores que le mimetizaban con su entorno inmediato.  Sus viejas hojas no eran más que unos restos secos que rodeaban el cuello de su tallo.

                         En Septiembre no llovió, pero en Octubre hubo tres días con lluvia.  Paquito, en plena forma, estaba al máximo de su crecimiento y lleno de energías.  Un Lithops tan apuesto no podía pasar desapercibido por sus vecinos, y Paquito era tentado por varios compañeros para iniciarse sexualmente.  Algunos descarados le decían:  “Vamos Paquito, decídete a florecer que lo vamos a pasar bomba...”

                         Pero Paquito, que era un Lithops con mucha cabeza, razonó que, habiéndolo pasado tan mal como lo pasó, más valía guardar todas sus energías para intentar fabricar dos pares de hojas en la próxima temporada (bien sabido es por todos que con dos pares de hojas se sobrevive mejor que con uno solo) que dejarse llevar por lujuriosos placeres.  Además su instinto le dice que la época seca puede comenzar en muy pocas semanas y no quiere volver a pasar por otro martirio semejante.

                         Y, efectivamente, nuestro casto Paquito acertó.  La época de sequía llegó a mediados de Noviembre y el año siguiente también fue escaso en lluvias.  Pero Paquito consiguió el objetivo de duplicar sus hojas y produjo dos sensuales y exuberantes flores en la temporada de reproducción que trajeron consigo más de 2.000 semillas, lo que no está nada mal para un Lithops que es padre primerizo.

                         Me comentaba un amigo mutuo el otro día, que visitó a Paquito en las Navidades pasadas y que ya tenía, después de 8 años, la apreciable cantidad de 14 pares de hojas y que está solicitadísimo su polen por otros compañeros.  Esperemos que nuestro juiciosos Paquito no caiga en la vida libidinosa y ciega de los excesos vegetales y siga reservando sus energías para las temporadas secas en Namibia.

 Atrás

 Continuar

© 2006 Rafael Álvarez ® All Rights Reserved

Google
 

 (C) 2008 RAFAEL ÁLVAREZ - POLÍTICA DE PRIVACIDAD, CONDICIONES DE ACCESO Y COPYRIGHT