
Conocí
a Juanito en 1984. De pura casualidad llegaron a mis manos unas semillas de
Trichocereus. En fin, en aquellos tiempos, todavía no dominaba muy bien la
técnica de la siembra y conseguí de milagro que germinaran dos plantitas. A una
de ellas la bauticé como Eusebio, y le puse Juanito a la segunda.

Al cabo
de unos 4 meses, con una altura de unos 4 cm. , les transplanté a una pequeña
maceta y comencé a intentar aclimatarlos. Me extrañaba que siendo unos
Trichocereus crecieran tan lentamente. En fin, como suele ocurrir en la vida de
cualquier cactusero, los dejé aparcados por algún lugar del jardín y me limitaba
a echarles un vistazo muy de vez en cuando.

Unos años
más tarde, ya sería en 1988 más o menos, Eusebio y Juanito medían ya unos 18 cm
de altura. Se habían aclimatado perfectamente al clima de Valencia y crecían en
una maceta al aire libre y a pleno sol. Ya habían aprendido a hablar y tenían
fama, entre los cactus de mi colección, de ser muy simpáticos y dicharacheros.

Al año
siguiente, decidí transplantarlos a un contenedor de 17 cm. para ver si lograba
acelerar su crecimiento. Pero no había manera: No me crecían cada año más de 4 o
5 cm. Intenté abonarlos un poquito, cambié varias veces de substrato, pero no
obtuve buenos resultados. De nuevo volví a olvidarme de ellos completamente.