Empecé a
sacar fotos a las 18.00 h. A las 20.00 h., con los últimos rayos de sol, Juanito
empezaba a abrir sus capullos. A las 22.00 h., las flores ya estaban abiertas y
un extraño y delicado perfume se extendía por una amplia zona de mi jardín.
Juanito no estaba solo ya que había alguna Echinopsis kratchoviliana, E.
pelecyrachis y Lobivia boliviensis en flor, pero la belleza de las flores del
Trichocereus eclipsaban al resto.


Había un
silencio casi absoluto en mi colección de cactus que observaban la floración de
Juanito con admiración (de hecho, Cristina cayó perdidamente enamorada de
Juanito esa noche). A las 24.00 h. las flores estaban completamente abiertas y
el perfume era intensísimo en los alrededores. A la luz del flash, el
espectáculo era puramente surrealista.

Volví a
visitar a Juanito a las 2 y a las 5 h. de la mañana. Noté que las flores estaban
pasando de un plano casi horizontal a uno más vertical. A las 7 h. de la mañana,
con las primeras luces del día, confirmé que las flores se hallaban más
erguidas, con los ovarios apuntando al cielo. De los 4 capullos abiertos, 3 se
habían girado completamente hacia el Sur y tan solo 1 miraba decididamente hacia
el Este.

Sobre las
10 h., los capullos empezaron a cerrarse. Pude observar alguna que otra abeja
madrugadora que se revolcaba en la flor y se zambullía en ella como si fuera una
piscina para salir completamente empolvada en polen. El perfume siguió siendo
intenso hasta el ocaso de la flor. Juanito, ya un poco exhausto por tanto
esfuerzo, recibió la felicitación de todos los cactus vecinos. En solemne y
ebria ceremonia, oficié como Padre y casé a Juanito con Cristina en un acto muy
emotivo.

Bueno,
¿qué consecuencia saco de todo esto? La principal es que valió la pena esperar
estos largos 14 años para ver tamaña exhibición. Además una noticia fabulosa:
Juanito está embarazado y está gestando, nada más ni nada menos, que ¡6 higos a
la vez!. ¡Viva Juanito!
