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Dedico este trabajo a todos los
cactuseros de buen corazón que esperan algún día, con impaciencia y
hasta una cierta frustración, ver florecer a sus cactus.
Animándoles para que perseveren y
tengan la capacidad de observar y esperar. La amistad entre un
cactus y su dueño es tanto o más fuerte que la de un perro con su
amo. Aunque tu vida se haga añicos, tus cactus madurarán y se irán
haciendo viejos contigo. Son generosos, austeros y necesitan muy
poco, tan solo de tus cuidados y cariño.
Con un recuerdo
especial para el fallecido Eusebio que nos abandonó en su juventud,
y para Cristina y Juanito que hoy forman feliz pareja,
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