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En un estudio sobre la extraña supervivencia de los saguaros en sus primeros
años de vida, un científico del National Park Service separó cuidadosamente
50.000 semillas de los frutos del saguaro. (Un fruto contiene unas 2.200, o
más, de pegajosas semillas rojizo-negras. Son tan pequeñas que se necesitan
unas 140 semillas para que pesen 1 gramo.)
El biólogo Warren F. Steenbergh primero lavó las semillas para liberarlas de la
pulpa del fruto. Luego las contó e hizo lotes de 1.000 semillas cada uno y los
repartió cuidadosamente en un terreno controlado para averiguar cuántas de ellas
lograban germinar. El objetivo era conocer la razón de que tan pocas llegaran a
ser viables.
La respuesta llegó rápidamente en uno de los tests. Una amplia columna de
hormigas rojas, saliendo de un nido situado a unos 3 m de la ubicación de las
semillas, acabaron con el 100% de las semillas que fueron trasladadas al nido en
poco más de una hora.
Aunque este frustrante hecho es puramente anecdótico, sirve para ilustrar todas
las dificultades que le salieron al paso a Steenberg. Los cactólogos intentando
resolver los secretos de la planta más famosa de Arizona, y la Naturaleza
llenando la investigación de dificultades.
Para asegurar una población permanente una planta madre necesita replicarse al
menos una vez durante su entera vida, teniendo en cuenta que hasta que no llega
a la edad de 30 años no es capaz de producir sus propias semillas. Aunque esto
suene fácil, las dificultades para que ocurra parecen casi increíbles.
Como media, un saguaro adulto produce unos 100 frutos por año. Steenberg y
Charles Lowe, calcularon que un saguaro sano, durante 100 años de fertilidad,
produce 40 millones de semillas. A pesar de esta enorme proliferación, los
peligros acechan en cada esquina.
Lo primero de todo son las heladas que se producen al final del invierno.
Pueden acabar con los capullos florales que están en formación, y diezman las
pocas plántulas que han logrado prosperar desde semilla del año anterior.
También
la llegada del calor antes de lo previsto tiene consecuencias fatales. Los
frutos maduran antes y las semillas están expuestas y sufren los ataques de
depredadores, como las hormigas, hasta las llegadas de las primeras lluvia, al
comienzo del verano, en que puedan tener las condiciones adecuadas para
germinar.
Además del efecto beneficioso de la lluvia, las breves pero fuertes tormentas
del verano desempeñan también otro rol beneficioso. La lluvia y el viento hacen
caer los frutos que quedan todavía sobre la planta, caen al suelo y las semillas
son arrastradas a grietas entre rocas, donde pueden llegar a germinar y
sobrevivir, ocultas a la sombra, a los fuertes calores estivales que se
avecinan.
Es un hecho comprobado que la pérdida de semillas es continua desde la floración
primaveral hasta toda la estación veraniega. Se calcula que, en principio, solo
una de cada mil semillas puede llegar a encontrar una forma viable de
germinación.
Los animales devoran la mayoría, pero estas criaturas afectan a la planta tanto
negativamente como positivamente en un delicado y complicadísimo equilibrio del
ecosistema.

Bebé Saguaro en el desierto de Sonora.
En el Saguaro National Monument del Este, las hormigas y las abundantes
ardillas de tierra son los que más frutos consumen. En contraste, hay muchas
menos ardillas en la zona Oeste, y más semillas consiguen germinar en esas
zonas. Cerca del 95% de los restos de una deposición de coyote en un mes de
Julio en el área de Tucson, estaba compuesta por semillas de Saguaro. Un 85% en
las de los jabalíes.
Cuanto más lejos nazca una plántula de las zonas de tránsito de la fauna
alrededor del saguaro, más posibilidades tiene de sobrevivir. Aunque esto
suceda, la jovencísima planta de saguaro puede ser descubierta y devorada. En
las temporadas secas, constituyen para los depredadores más una provisión de
agua que de comida.
Fíjense en este estudio: Después de un año, las plantas sembradas en un vivero
llegan a medir unos 3 cm. Las que mantiene en casa un aficionado, más o menos
la mitad de altura. En la Naturaleza, los recién nacidos llegan a alcanzar a
duras penas el tamaño de 0,3 cm en el primer año de existencia, y casi ninguno
llegará a sobrepasar los 3 cm. ¿Cuál es la expectativa de vida de un Saguaro en
su medio salvaje?: Menos de seis semanas. Unas 2.400 veces menos de la edad que
pueden llegar a alcanzar.
Y todavía les esperan los rigurosos desafíos de llegar a ser adultos....
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