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Muchas generaciones antes de que los españoles llegaran a estas tierras desde el
norte de México, este cactus colosal se había convertido en un proveedor de
alimento para los indios del Sudoeste, particularmente para los Papagos, la
Gente del Desierto. Recogían los frutos con unos palos a los que ataban trozos
de madera de las costillas de saguaro secas.
Luego, de esa cosecha obtenían harina de las semillas, mermelada, almíbar, y
más de una docena de diferentes comidas que les servían para subsistir durante
los calurosos veranos hasta que llegaban las recogidas del maíz en el otoño.

Hubo un tiempo en que con la llegada de cada primavera se recitaban canciones
especiales para garantizar una buena fructificación de los saguaros. Durante el
mes de agosto realizaban rituales en los que tomaban vino de saguaro.
En los viejos tiempos, cosechar los frutos se convertía en una expedición
familiar, normalmente centrada en campos de cactus que ya conocían de generación
en generación. Algunas familias recorrían grandes distancias cargadas con
utensilios, ollas, cestas y vasijas de barro, cualquier recipiente para guardar
los frutos, así como carne seca de conejo y agua para atender sus necesidades.

Cosechando frutos de Saguaro
Se desataba virtualmente una carrera entre hombres y pájaros por la recogida de
los frutos, aunque los papagos creían que era necesario respetarlos, pues debían
de cumplir alguna misión benefactora para los cactus.

Utensilio para cosechar frutos
La selección de frutos, su preparación y cocción tomaba entre una y tres
semanas. Era una labor que realizaban las mujeres mientras los hombres cazaban
conejos y proveían de leña para el fuego. Unas cestas especiales construidas
con hojas de plantas del desierto les servían para separar el zumo de las
semillas y la pulpa. Una vez que el fruto había sido vaciado, dejaban las
cáscaras en el suelo, abiertas hacia arriba, en un acto que, pensaban, ayudaría
a que llegara la lluvia.

Fruto de Saguaro
Todo esto sucedía en una estación en la que, salvo algunos frutos
de mesquite o animales del entorno, nada existía para alimentar a su gente. Se
estima que un pueblo con 600 familias recogía cerca 200.000 Kg. de fruto de
saguaro al año. Se necesitaban unos 8 Kg. de frutos para producir 5 l. de
almíbar. Su fermentación, para obtener vino, llevaba unos cuatro días más.
Para algunos, excepto por su bajo contenido en alcohol, 4,5%, el sabor del vino
del saguaro es semejante al que
producen nuestros viticultores. Para otros, no constituye más
que una afrenta al paladar.

Preparando "vino" de Saguaro
La producción de vino era un ritual en el que todas las familias contribuían
aportando almíbar, y constituía todo un evento social y una ceremonia sagrada.
Itoi, su dios, instruyó a la Gente del desierto para que bebieran vino “al igual
que la tierra bebe lluvia”.
Inevitablemente,
el paso del tiempo transforma todas las sociedades. En su día, los indios
caminaban desde sus aldeas de verano hasta los lugares donde los cactus estaban
llenos de frutos. Después, los españoles introdujeron los caballos y las
carretas. Hoy día montan en sus furgonetas y conducen hasta un lugar donde
pueden recoger los frutos que quieran en un solo día. Se cosecha por placer, no
por necesidad.
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