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Unos agujeros circulares aparecen a menudo sobre los troncos de los saguaros.
En realidad se trata de nidos excavados en los tallos, y los pájaros carpinteros
Gila y sus primos, los Dorados, son sus arquitectos y constructores.
Un
"troglodita" de los cactus en acción
Cooperan tanto los machos como las hembras en la construcción del nido. Se
apoyan sobre las costillas de los gigantes y comienzan la excavación con su
pico. Una vez que el agujero tiene un tamaño adecuado, la hembra deposita allí
sus huevos. Cuando han conseguido sacar adelante a su prole, abandonan el nido
y nunca vuelven a utilizarlo. Sin embargo, acaban de poner en marcha un
intercambio básico para el ecosistema.

El búho
"duende" otea la caza desde su guarida
Una vez que los inquilinos originales abandonan el nido, una sucesión de otros
pájaros ocupan los agujeros vacíos. El "búho
duende"
que duerme durante el día, la especie de lechuza de tamaño más pequeño en
Estados Unidos se instala en alguno de estos nidos abandonados. También los
“trogloditas”, varios tipos de gorriones, martines, palomas, pájaros
carpinteros, “cazamoscas”, etc. Pero no solo llegan pájaros: Murciélagos y
ardillas también los ocupan ocasionalmente.
Muchos ornitólogos creen que la construcción de estos nidos en agujeros
demuestra un desarrollo en la evolución de los pájaros. Si esto es cierto,
pájaros carpinteros y gorriones pueden haber ayudado a otras especies a
evolucionar. Mientras que los carpinteros y gorriones simplemente depositan los
huevos en el suelo del agujero, otras especies buscan materiales para construir
un nido, lo que disminuye las ventajar primarias que estas construcciones
otorgan.
Muy
poco se conocía sobre esas ventajas, hasta que a principios de los 60, el Dr.
Krizman, estudió estos agujeros. Entre otras informaciones, su investigación
demostró que la temperatura dentro de estas cámaras era más suave, y que variaba
mucho menos que las dramáticas diferencias de temperatura que se producían al
exterior.
A la izquierda, el
pájaro carpintero Gila con su nido sobre la parte exterior del
saguaro. Sin embargo,
el nido del “dorado”, a
la derecha, es mucho mayor y penetra dentro de los tejidos de sostén
del cactus.
Como los saguaros se componen en un 90% de agua, estas cámaras están
virtualmente encapsuladas entre aislantes tejidos acuosos. Cuando la
temperatura del aire de los alrededores llega al máximo, los agujeros son
comparativamente zonas frescas. Cuando el ambiente se enfría por las
noches, el cuerpo del saguaro retiene algo de calor. Y en la época en que
encontrar sombra en el desierto es algo imprescindible, al mediodía durante el
verano, casi ningún rayo de sol penetra hasta la base de los agujeros.
Para defenderse del ataque de sus inquilinos, los saguaros segregan una
sustancia, la dopamina. Cuando el cactus es atacado, una alarma metabólica
incrementa la producción de este componente en los tejidos más externos del
cactus. La dopamina fluye hacia la zona de la herida y provoca la formación de
una corteza dura, una especie de callo que sirve para proteger esa zona de daños
graves. Algo así como lo que ocurre en la fractura de un hueso. Ante la
exposición al aire, la dopamina se vuelve oscura. La melanina también llega
hasta el callo que toma una coloración de azabache. Estas formaciones callosas
son tan tremendamente duras que persisten intactas muchos años después de la
muerte y destrucción des esqueleto del saguaro.
El tamaño de los nidos varía mucho dependiendo de la especie que los habita. A
veces pueden llegar a sobresalir por el otro extremo del tronco. Naturalmente,
estos nidos atraen todo tipo de insectos y favorecen el desarrollo de
enfermedades crónicas que pueden afectar gravemente las expectativas de vida de
estos colosos.

La formación callosa del nido de un "dorado"
permanece junto al esqueleto de un Saguaro. De forma directa o indirecta, la
construcción de un nido de estas características suena como una sentencia de
muerte para estos gigantescos cactus.
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