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Como podemos apreciar en estas fotos tomadas desde el mismo lugar, la zona Este
del Monumental Saguaro Park, consecutivamente en 1935, 1965 y 1991, se puede
apreciar el dramático declive en la población de saguaros a lo largo de esas
décadas.



Los saguaros fueron víctimas accidentales de los soldados y de los colonos. El
gobierno construyó instalaciones militares en el territorio de Arizona para
reducir a los indios hostiles. Uno de los más importantes fue el Fuerte Lowell,
de Tucson, construido en 1862 para perseguir a los confederados.
Estuvo activo hasta 1891, cinco años después de que Jerónimo se rindiera en el
Cañón del Esqueleto, en la frontera mexicana. Entre las necesidades de esas
instalaciones, la leña para el fuego y la madera para las construcciones eran de
gran prioridad. Pronto descubrieron que los árboles de mesquite eran perfectos
para quemar, y utilizaron los paloverdes por la resistencia de su madera.
Desgraciadamente, estos mesquites y paloverdes, que fueron arrancados hasta casi
su totalidad en esas áreas, eran la primera fuente de sombra necesaria para que
las plántulas de cactus que lograban germinar tuvieran alguna posibilidad de
prosperar. Más de un siglo después de que el ejército cerrara el Fuerte Lowell,
nos es imposible calcular los daños producidos debido a la nula germinación de
nuevos cactus durante esos tiempos pioneros, y no podemos sino ser testigos de
la degradación producida en la población de esas plantas.
Después de milenios que enfrentaron a los saguaros con las fuerzas de la
Naturaleza, los gigantes habían caído en su encuentro con los hombres. Pero eso
no fue todo: Al acabar la Guerra Civil, a finales de 1890, los ganaderos de
Texas comenzaron a traer extensos rebaños en busca de nuevos pastos a Arizona.
Decenas de miles de reses pululaban sueltas por los alrededores de Tucson, una
plaga de insaciables corta-céspedes que acababan con cualquier planta que
encontraban, incluyendo a los jóvenes cactus.
En fin, en tiempos más recientes los saguaros se enfrentan a la piratería y al
robo de ejemplares para satisfacer un mercado creciente de jardinería donde los
cactus se han abierto un pequeño camino. Los ladrones escogen los cactus con
una edad entre 10 y 30 años, con un tamaño más o menos manejable para su
transporte. Aunque los robos son difíciles de controlar, se tiene la evidencia
de que son considerables aún hoy día.
Aunque los hurtos tienden a bajar, los comportamientos vandálicos no. Gente
que dibuja corazones en los saguaros, que los rajan con cuchillos, los usan como
dianas de tiro al blanco... A principios de los 80, un cazador, por el área de
Lake Pleasant, norte de Phoenix, descargó su escopeta a quemarropa contra uno.
El gigante cayó colapsado sobre el hombre, matándolo instantáneamente. Por las
conversaciones oídas en los días siguientes al suceso, muchos lugareños estaban
a favor del saguaro...

No sabemos en estos momentos el impacto que todos estos acontecimientos puedan
tener para las futuras generaciones de saguaros. ¿Lograrán estos monarcas del
desierto prosperar y asegurar su existencia durante los milenios venideros? Es
una pregunta que no podremos responder por lo corto de nuestra vida humana.
Quizás los nietos de los nietos de nuestros nietos puedan atisbar una respuesta
a esta inquietud...
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