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CRONICAS CACTUSERAS DEL DR. RISCO
EN ARIZONA APARCA BIEN.  (DRAMA RURAL).

Ésta fue la conversación entre el matrimonio Smith, Helen y John en un pequeño pueblo perdido de Arizona:

John Smith
 -Estoy hasta las narices del viaje y de buscar aparcamiento, voy a aparcar aquí y san-se-acabó.

Helen Smith
 -John... Está prohibido. A ver si te van a poner una multa que en Arizona la policía no se corta un pelo.

John Smith
 -Vale Helen, cállate ya. Y además yo paso de la policía de Arizona y como si fuera la Guardia montada del Canadá.

Helen Smith
 -Mira, no seas tonto. A ver si se lo va a llevar la grúa y tenemos un disgusto.

John Smith
 -Joder, Helen, no seas pesada y sal ya del coche. Además en este pueblucho de paletos no creo que sepan lo que es una grúa. Venga, vamos.

Helen Smith
 -Como quieras. Es "tu" coche. Pero luego no digas que no te lo he advertido.

El matrimonio Smith se alejó unas manzanas hasta encontrar un restaurante. Después de la comida, paseando hacia el coche, comentaban que en unos 20 minutos llegarían a su destino, una preciosa cabaña que habían alquilado en un pequeño valle rodeado de saguaros para pasar tres semanas de descanso.

Pero al empezar a doblar la esquina de la calle donde habían aparcado el coche vieron con desagradable sorpresa que:

Y cuando acabaron de doblarla y desde más cerca:

John Smith
 -Mi coche, joder mi coche. ¡¡Pero qué coño ha pasado!!

Helen Smith
 -Mira que te lo dije. Te está bien empleado por ¡¡gilipollas!!

En fin, la parte trasera del coche quedó descojonciada. Menos mal que había un servicio de grúas excelente en el pueblo ya que el saguaro en cuestión pesaba unas cuantas toneladas.

Repuestos horas más tarde del desagradable suceso el matrimonio alquiló un coche en la gasolinera del pueblo. Cuando les preguntaron que a dónde se dirigían y al contestar John que iban a una cabaña al Valle del Coyote el empleado les advirtió y desaconsejó insistentemente que no fueran porque estaban en la época de tormentas, pero nada consiguió ante la firmeza de John que no estaba dispuesto a perder su alquiler de la cabaña.

En el corto trayecto en coche hasta el Valle del Coyote surgió esta conversación:

Helen Smith
 -Estoy preocupada, John. Mira que nos han advertido insistentemente que no vayamos a la cabaña. Además a mí me dan miedo las tormentas...

John Smith
 -Cariño... no empecemos. Estos cazurros lo que quieren es liarnos para alquilarnos ellos una casa en otro lugar. Vamos que se piensan que soy gilipollas o qué. Con el calor que hace, aquí no va a caer ni una gota.

Helen Smith
 -Pero lo dirían por algo... No sé. ¿No sería mejor que nos alojáramos en el pueblo? Además me mosquea que el precio que te han cobrado en la agencia por el alquiler de la  cabaña es regalado.

John Smith
 -Coño, como que hay que saber regatear. A mí no me la dan con queso. Vamos Helen, hazme caso. No te comas más la cabeza por esos palurdos y a disfrutar y a descansar estos días de vacaciones. Todavía no ha llegado el día que un pueblerino me engañe a mí.

Del matrimonio Smith nunca más se supo. La cabaña en la que veraneaban se encontraba detrás del saguaro acuático de la foto y unos metros por debajo. Seguramente fueron arrastrados por las tremendas precipitaciones de agua que se dan en unas pocas horas en los veranos del desierto de Sonora.

Cuentan los lugareños del lugar que en algunas ocasiones, paseando por el Valle del Coyote al anochecer, se oye, mezclado con el susurro del viento, una voz femenina que dice:

-Joooohn, Joooooooohn, mira que eres gilipollaaaaaaaas!!

Dr. Risco

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