Fíjate que me lo habían dicho muchas
veces: "Risco no cenes tanto por las noches que dormirás mal y tendrás
pesadillas". La verdad es que mis cenas suelen ser bastante frugales y duermo
como un lirón. Pero hace unos días llegaron unos amigos míos que habían estado
de vacaciones por Asturias y nos invitaron a cenar.
Laura cocina muy bien y había
preparado una fabada con ingredientes de los auténticos, ya sabéis un plato
suave donde los haya para cenar en verano. Y qué deciros: La fabada estaba
buenísima y me puse como el quico. El vino de la Ribera del Duero no estaba nada
mal tampoco.
Lo que pasa es que tenía también una
cazuela con unos chorizos a la sidra delante de mis narices y no me pude
contener. Qué se le va a hacer, me comí dos chorizos y repetí de fabada.
Ignoraba que tendríamos queso de Cabrales de postre así que no tuve más remedio
que hacerle los honores y, ya de paso, acabar con el vino que quedaba en la
botella pues no lo íbamos a tirar.
Pero a lo que íbamos. Ya en casa me
acosté sobre las tres de la mañana muy muy agustirrinín y caí casi
inmediatamente en los brazos de Morfeo. No sé lo que me pasó pero empecé a tener
un extraño sueño en el que estaba yo junto a gente desconocida, sentados en una
especie de auditorio con varias filas de butacas con un pequeño escenario que me
recordaba un teatro.
Y señoras y señores, se abre de
repente el telón y... ¿quién sale?: ¡Coño!, el mismísimo Bush transformado en
mujer...




...Vaya susto de verdad. En mi sueño,
todo el mundo aplaudía a mi alrededor y el Bush, que no paraba de salir al
escenario, se cambiaba de ropa y volvía otra vez. En fin horroroso. Como para
volverse uno impotente.
Me despertó Elizabeth y me dijo que
estaba muy inquieto, que no paraba de moverme y que estaba llorando. Y sí,
aquello era una verdadera pesadilla. Me relajé, fui a echar un pis, bebí un vaso
de agua, y, ya más tranquilo, me volví a la cama y en cinco minutos ya estaba
otra vez durmiendo.
Pero todo volvió a empezar: Estaba de
nuevo en el puñetero auditorio y encima el acomodador me echó la bronca por
haberme levantado de la butaca y haber interrumpido el desfile con mi acción. Y,
desde luego, como en la más espantosa pesadilla que podáis imaginar, se
levantaron las cortinas y ...





... Esta vez me desperté yo solo.
Eran las seis de la mañana así que decidí pegarme el madrugón antes que seguir
sometido al martirio de mi sueño. Me levanté, me tomé un cafetito y como ya
empezaba a haber luz decidí salir a leer un libro en la hamaca del jardín.
Dentro de la casa hacía calor.
Y ya sabéis lo que pasa: El haber
dormido solo un par de horas, la resaca, lo confortable de la hamaca... Creo que
no pasé de la segunda página del libro y ya había caído frito otra vez.
Y vuelta a empezar en el auditorio;
la gente y el acomodador embroncándome y casi insultándome por haberme vuelto a
levantar de la butaca. De nuevo se abren las cortinas...




Escalofriante, ¿verdad? Creo que hubo
un momento en el que perdí el conocimiento. Todo se volvió negro, desapareció el
escenario y pude por fin descansar un par de horas sin más sustos.
Desde entonces, traumatizado total,
tomo para cenar un sandwich vegetal y de postre un yogurt. Estoy preocupado
porque esta noche vamos invitados a cenar a casa de Lola y Paco. Vuelven de
vacaciones y nos han dicho que se han traído unos embutidos de rechupete. Y es
que las morcillas de Burgos son un vicio para mí. Qué le vamos a hacer;
superaremos el trauma y que sea lo que San Selenicereus quiera.
Dura es la vida del cactusero...