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Vamos por partes: Un perrito caliente a lo yanqui no significa un perro salido
en celo que quiera echar un kiki a toda costa, no. Se trata de lo que en
lengua bárbara se conoce como hot-dog, oséase una salchicha, envuelta en una
vagina de pan blando, a la que se añade mostaza y salsa de tomate a gusto del
consumidor.

Algunos hijos de perra salen de esta guisa a
pasear.
Otro invento americano más, patrocinado por
alguna cadena de comida basura, donde se reúnen un grupo de idiotas
con hambre, o que andan muy mal de pasta, para conseguir el premio
al mayor tragazampas de perritos del momento.


Sin comentarios.
Pero bueno, antes de continuar, le hemos preguntado a nuestro
consultor, el Dr. Penetroncio Virginelo, si es cierto que lo que se come se
cría, es decir si comer muchos perritos favorece el tener una polla grande y
hermosa.

Comer perritos no implica conseguir un pijo
grande.
Su respuesta fue descorazonadora: Según estudios
universitarios, si te comes un perrito en EEUU puede ser que estés tragando
carne de hasta 300 animales diferentes y con una ingesta de más de 60
hormonas distintas. Nos contó el caso de un vagabundo, Eustaquio
Cienfuegos, hoy día acogido por el Páter Ezequías en su Congregación.

Fray Eustaquio Cienfuegos
Este pobre desdichado mendigaba por las calles y tenía la
costumbre de husmear cerca de las papeleras de los alrededores de los puestos de
venta ambulantes de perritos en Nueva York. Allí devoraba los restos de
los perritos calientes que la gente tiraba a la basura.
El efecto de la ingesta de hot-dogs fue demoledor. Los
componentes malignos de los perritos liquidaron literalmente sus paletillas,
formando una suerte de agujero circular superior en su dentadura por donde el
desgraciado introducía y absorbía las salchichas sin masticación alguna. Un caso
terrible.
CONTINUAR
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