|
Día 8 de
Abril. Llegada a Barcelona, noche y embarque para Londres.
Llega la tripulación a Barcelona en
perfecto estado. El Capitán nos da órdenes para que cenemos, bebamos y durmamos
bien. Así que siguiendo sus instrucciones, cenamos y bebimos opíparamente en un
restaurante vasco y nos dimos una vuelta por Barcelona la nuit para aprovechar
nuestros últimos instantes antes de la partida. Se nos hizo un poco tarde y
solo dormimos un par de inquietas horas, pero a las 7.00 h estábamos clavados en
el aeropuerto, facturando nuestro equipaje en la British Airways.
Nuestro estado físico era perfecto y el
avión despegó puntual a las 08.05 h con destino Londres. Nuestro Capitán nos
explicó que, con el fin de evitar la despresurización de nuestros tímpanos
durante el vuelo, lo mejor era tomarnos un par de
Johnny Walkers para equilibrarnos. Nada más despegar, el Dr. Oms solicitó a la
azafata, una pelirroja de 1,80 m de altura, que nos sirviera diligentemente
sendos scotchs, cosa que no le hizo mucha gracia. Insistía en servirnos café,
zumo espantoso de naranja y abominables galletitas inglesas.
Afortunadamente, nuestro Capitán, experto conocedor de lenguas bárbaras, le
explicó, en perfecto inglés, que, al igual que los turistas británicos venían de
vacaciones a España para estar borrachos noche y día, destrozar nuestros
hoteles, vomitar sobre nuestras calles, etc., nosotros también pensábamos hacer
turismo cultural en Londres. En fin, la azafata se fue echa una furia, pero al
cabo de unos minutos estábamos degustando el mejor remedio que existe contra los
males del vuelo. El Dr. Risco nos explicó que la tripulación y algunos de los
pasajeros del vuelo se interesaban por nuestra familia, atención que te anima
bastante cuando estás fuera del país.

Aeropuerto de Heathrow. Nuestro
escribano y el Libro de Navegación.
En resumen, a las 10.30 h del día 9, estábamos ya en Londres y, para colmo, en
mucha mejor forma que cuando salimos de Barcelona. Tenemos más de una hora
hasta empalmar el vuelo a Phoenix, así que nos dirigimos a la cafetería del
aeropuerto de Heathrow, único sitio donde permiten fumar. Llamadas a España, al
cuartel general, con nuestro maletín electrónico, visitas al lavabo y, tarjeta
visa en mano, nuestro Capitán solicita unas cervezas Boodingston, de color
oscuro, al camarero. Alguien pide una coca-cola y es reprendido inmediatamente
por el Capitán. Se trata del Dr. Oms, quien dice en su descarga, que “su
abstención se fundamenta en la necesaria lucidez para pilotar por el desierto
hasta nuestro destino incierto”.
En fin, nos damos una vuelta por los
duty-free y compramos tabaco, alcohol y alguna tontería más. Oímos la llamada
para Phoenix y nos dirigimos hacia la puerta de embarque. Nos esperan unas 12 h
de vuelo hasta Arizona. Qué dura la vida del cactusero... San Selenicereus,
¿qué sucederá esta vez con la despresurización? ¿Tendremos otro follón con las
azafatas? Y es que el vuelo también es de la BA.
|