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Embarcamos
en un flamante Boeing 747 propiedad de la Bristish Airways rumbo a América.
Mientras esperábamos en la sala de pasajeros, vimos llegar a la tripulación:
El comandante tenía la cara congestionada, daba eses y parecía ebrio;
el copiloto era una especie de enano deforme, con gruesa nariz y descomunales
orejas (seguro que no llegaba con el pie a los pedales del freno).
Y los auxiliares de vuelo
eran muy amanerados, en versión masculina, y las azafatas feas y rígidas como si
de amas sadomasoquistas se tratara. El piloto se tragó la puerta blindada de
cristal, dejándose la nariz y algún diente en el empeño, mientras que su
tripulación se partía de risa ante el acontecimiento... ¡Glup! Pero lo peor de
todo es que ¡llevaban un bonsái como mascota! Así es que nos encomendamos a
San Selenicereus...
Durante el largo vuelo, unas 11
horas, nuestro Capitán nos arengó y nos dio toda clase de instrucciones sobre
nuestra misión. Nos enseñó la manera de fumar disimuladamente dentro de los
lavabos del avión y otros pequeños trucos para amenizar el viaje. Las azafatas
no paraban de traernos extrañas comidas de sabor inexplicable y, por supuesto,
los revitalizantes para combatir la despresurización de los tímpanos nos
llegaban, esta vez puntualmente, gracias a la mediación del Dr. Risco y sus
buenas relaciones con la tripulación. A las 6 horas de vuelo, le fue ordenado
al Dr. Oms la puesta en alerta y se le prohibió beber otra cosa que no fuera
agua mineral, caso de que tuviera que conducirnos en coche desde Phoenix hasta
Bisbee, nuestro destino, a través de las carreteras del desierto.
Quitando un pequeño conflicto
diplomático, ya que el Dr. Josetxu fue sorprendido fumando en los lavabos
y el capitán quería que fuéramos detenidos al llegar a Phoenix,
el viaje fue muy aburrido y acabamos pegando alguna cabezadita entre
revitalizante y revitalizante. Por fin, a las
15 h
de la tarde, llegamos a Phoenix (en un tiempo récord, ya que habíamos salido de
Londres sobre las 12 h)
y descubrimos con estupor que el viaje solo
había durado 3 horas y que encima era de día.
Nuestro Capitán nos explicó que la tierra era redonda, y que retroceder en el
tiempo formaba parte de nuestra importante misión.
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