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Llegamos
a inmigración y aduanas con los equipajes. Un policía perro nos olfatea y
el Dr. Josetxu se pone muy nervioso ya que lleva consigo una pequeña
chocolatina cuidadosamente envuelta en su bolsillo y teme que el chucho la
encuentre y se la coma. Pasamos la aduana por la
zona de "nada que declarar" y una inspectora negra
impresionante de unos 140 Kg. nos pregunta por el motivo
del viaje. El Dr. Risco le informa que somos investigadores botánicos y
que pensamos darnos una vuelta por los desiertos del
Sudoeste y descubrir esa Naturaleza maravillosa del lugar, por no hablar
de que somos fervientes admiradores de la "American way of life" y que teníamos
enormes ganas de visitar tan excelso y maravilloso país.

Policía Perro en
Phoenix
La funcionaria nos mira como si fuéramos extraterrestres y nos pregunta
que en cuanto valoramos nuestros equipajes, a lo que
responde el Dr. Risco que en 100 $. Que le parece
muy poco, a lo que responde nuestro Capitán que no somos más que pobres y
humildes cactuseros. Que si llevamos algún tipo de mercancía prohibida por las
leyes americanas, y les juramos y perjuramos por San Selenicereus que ¡no!, que
cómo se nos iba a ocurrir semejante barbaridad... Y... ¡Pasamos!... Con los
huevos de corbata, pero pasamos. Nos sellaron nuestros pasaportes falsos
y nos dieron permiso de residencia para un mes.

Las furguis del
Jefe
Gracias
a San Selenicereus los
policías perros de
Arizona se afanaban en olisquear el culo del irritado Dr. Oms y parece ser que
no estaban entrenados para detectar puros cubanos ni
chocolatinas de Marruecos. En fin, solamente
entre puros Cohibas,
Flor de Cano y Romeo y Julieta,
sin contar la provisión de alcoholes exquisitos que compramos en el duty
free de Londres, calculamos que llevaríamos más de 800
$ en puros para intercambiar con los lugareños y consumo propio, en flagrante
violación del embargo a Cuba.
El encuentro con nuestro contacto
secreto, El Jefe, fue muy emocionante y esperado por largo tiempo. Por fin
conocíamos al director del Arizona Cactus Club, nuestro Club Hermano.
Un encuentro motivado por la amistad surgida entre El Jefe, David L. Eppele, y
el Dr. Risco, a través de Internet, que Dios
los cría y ellos se juntan.
En fin, un montón de abrazos y
presentaciones. El Jefe parecía tímido y estábamos todos un poco cortados.

Parking del
Aeropuerto. El Dr. Risco meditando...
Cogimos
los equipajes y salimos camino del parking del aeropuerto. David había
tenido la amabilidad de venir a buscarnos desde Bisbee y venía con una furgoneta
yanki azul claro. Cogimos los equipajes y los tiramos en la parte de
atrás, y subimos los cuatro en la cabina. Y...
¡en marcha! Nos quedaban todavía unos 400 Km
a través del desierto hasta llegar a nuestra base en Bisbee.
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