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Acompañamos al Jefe a
Naco, un pueblecito que hace frontera con México, para visitar el
parque de bomberos. David tiene que estar siempre en guardia y con
el móvil colgado de la oreja ya que cualquier situación de
emergencia puede necesitar la supervisión del Jefe. Era un
cuartelillo pequeñito, y nos salió a recibir un enorme Capitán
bombero de 1,99 m de altura y pasando los 130 Kg. de peso. Es
decir, un agente de enorme humanidad.

El Jefe hizo las
presentaciones, tenían asuntos que tratar, y nosotros estuvimos
husmeando un poco por el sitio y viendo las instalaciones. El Dr.
Risco empezó a inspeccionar las unidades del parque lo que motivó
que los bomberos empezaran a mosquearse un poco con la visita.
El Capitán, que estaba hablando con David, le echaba miradas
aniquiladoras mientras que el Dr. Risco, presa quizá de desconocidas
fiebres o calenturas, se subía a los coches de bomberos brincando
feliz como un niño. Más tarde deberíamos resolver el asunto de
alquilar un coche para nuestra estancia.

Descubrimos un chevrolet
blazer, típico coche americano, de un intenso color rojo de cuerpo
de bomberos y con matrícula gubernamental del estado de Arizona.
Observamos que nuestro Capitán abría el coche, lo inspeccionaba y
miraba dubitativamente. De repente, se volvió hacia nosotros y nos
dijo: “Seguidme”. Nos dirigimos al sitio donde estaban hablando el
Jefe y el bombero, y nuestro insigne Capitán se dirigió a este último
y le dijo sin pestañear y en perfecto inglés: “Querido amigo, por
los poderes en mí otorgados por Su Majestad, Don Juan Carlos I, Rey
de España, queda confiscado, en nombre de la Corona y del Reino de España y hasta
nueva orden, el vehículo rojo que tiene aparcado allí. Le conmino a
que nos entregue las llaves sin más preguntas o, voto a bríos
Santiago y cierra España, que le voy a crear tal follón diplomático
que se va Vd. a cagar”.

Por un momento temimos
por la integridad física de nuestro Dr. Risco, pero
después de un rato de explicaciones por parte del Jefe, el
funcionario accedió a entregarnos las llaves, aunque muy, muy
mosqueado. En fin, 10 minutos más tarde nos despedíamos y ya
teníamos coche. Partimos hacia nuestro motel, el Dr. Risco en el
coche del Jefe, y nosotros en nuestra nueva adquisición con el Dr.
Oms a los mandos e intentando aclararse con el cambio automático.
Tomamos unas cervecitas
en el Arizona Cactus y
el Jefe se despidió pronto pues tenía cosas que hacer. Quedamos en
que al día siguiente efectuaríamos nuestra primera exploración y que
nos encontraríamos a las 6 de la mañana en su jardín. |