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Exploración nocturna de Bisbee y alrededores.

Mensaje secreto cifrado a Su Majestad Juan Carlos I

Querido Juanca:  Efectivamente, existe una tremenda y secreta conspiración por parte de los nativos.  Stop.  Casi hemos resultado abducidos por extrañas fuerzas cuando regresábamos esta noche al hotel.  Stop.  Gracias a la intervención se San Selenicereus llegamos sanos y salvos a la base. Stop.    

Capitán Risco.

 

 Tomamos alguna enchilada con puré de frijoles para cenar y luego unos güisquitos en el porche del motel mientras que nuestro Capitán apuntaba los acontecimientos del día en el diario de a bordo.  El problema era que apenas eran las 8 de la tarde y no teníamos ninguna gana de meternos en la cama.  El Dr. Josetxu, sabiamente, propuso que nos fuéramos a dar una vuelta y explorar un poco los alrededores.

 Así que cogimos el coche y salimos a dar un garbeo por la vida nocturna del Condado de Bisbee.  Como nuestro piloto, Dr. Oms, sufre alucinaciones en conducción nocturna, fue el Dr. Risco quien cogió los mandos del vehículo.  Volvimos a Bisbee y  visitamos algún pub tratando de no provocar la desconfianza de los nativos e intentando pasar lo más desapercibidos posible.


 Donde ponen el ojo meten la bola

 Tomamos un par de copas tranquilamente y nos dejamos ganar una partida por la selección femenina de billar de Bisbee.  Una vez que el Dr. Oms les facilitó el número de teléfono secreto de la Expedición, por si necesitaban algo o querían que jugáramos otro día una partida, decidimos retirarnos ya que el cansancio y las fiebres se iban apoderando de nosotros.


 El Dr. Josetxu, camiseta naranja, charla con unos nativos.

 De vuelta hacia el hotel, descubrimos en plena carretera una extrañas luces parpadeantes que nos recordaban los anuncios luminosos de los antros de perdición y de mal vivir españoles.  El Dr. Risco, seguramente hechizado por las luces, decidió que debíamos investigar.  Se trataba de un precioso Saloon a la antigua usanza (solo que no había mesas de juego, pistoleros ni cabareteras, y es que todo se pierde...) y allá estuvimos adaptándonos a la dura vida del desierto hasta que, sobre las 12, presos todos ya de las fiebres de Sonora, decidimos irnos para casa.

 Nada más salir del parking del Saloon, el Dr. Josetxu descubrió una extraña luz naranja encendida que parpadeaba al lado del cuentakilómetros y es que íbamos en reserva.  El Dr. Oms supuso que se trataba de un sabotaje porque ¿qué menos que entregar el depósito de gasolina lleno cuando te confiscan un coche?  Bueno, lo peor es que el sabotaje se había realizado a gran escala:  Nos habían cambiado las carreteras, los letreros, también habían quitado las gasolineras y, por no haber, no había ni tráfico.  Al cabo de media hora, seguíamos dando vueltas, ni pajolera idea de donde estábamos, la luz de la reserva brillando cada vez más y el Dr. Josetxu nervioso pensando que diríamos a la policía si nos quedábamos tirados sin gasolina en medio del desierto, con un coche oficial del cuerpo de bomberos y con una castaña del 15...

 
 Milagro de San Selenicereus. ¡La señal no existía antes!

 Gracias a San Selenicereus, nuestro Santo Patrón, virgen y mártir, una media hora más tarde de seguir dando vueltas, nos encontramos de repente con una señal del motel delante de nuestras narices, obra sin duda de un milagro de nuestro Patrón porque ese letrero no existía antes. 

 La 1 de la mañana y nos teníamos que levantar a las 5 para estar en el Jardín del Jefe a las 6.  El Dr. Risco le explica rápidamente al vigilante nocturno que somos bomberos españoles que hemos venido para un congreso internacional en el desierto de Sonora, nos levanta la barrera  y en 5 minutos estamos todos metidos en nuestras camas durmiendo como santos cactuseros.

   

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