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Tomamos
alguna enchilada con puré de frijoles para cenar y luego unos
güisquitos en el porche del motel mientras que nuestro Capitán
apuntaba los acontecimientos del día en el diario de a bordo. El
problema era que apenas eran las 8 de la tarde y no teníamos ninguna
gana de meternos en la cama. El Dr. Josetxu, sabiamente, propuso
que nos fuéramos a dar una vuelta y explorar un poco los
alrededores.
Así que cogimos el
coche y salimos a dar un garbeo por la vida nocturna del Condado de
Bisbee. Como nuestro piloto, Dr. Oms, sufre alucinaciones en
conducción nocturna, fue el Dr. Risco quien cogió los mandos del
vehículo. Volvimos a Bisbee y visitamos algún pub tratando de
no provocar la desconfianza de los nativos e intentando pasar lo más
desapercibidos posible.
Donde ponen el ojo meten la bola
Tomamos
un par de copas tranquilamente y nos dejamos ganar una partida por
la selección femenina de billar de Bisbee. Una vez que el Dr.
Oms les facilitó el número de teléfono secreto de la Expedición, por
si necesitaban algo o querían que jugáramos otro día una partida,
decidimos retirarnos ya que el cansancio y las fiebres se iban
apoderando de nosotros.

El Dr. Josetxu,
camiseta naranja, charla con unos nativos.
De vuelta hacia el
hotel, descubrimos en plena carretera una extrañas luces
parpadeantes que nos recordaban los anuncios luminosos de los antros
de perdición y de mal vivir españoles. El Dr. Risco,
seguramente hechizado por las luces, decidió que debíamos
investigar. Se trataba de un precioso Saloon a la antigua
usanza (solo que no había mesas de juego, pistoleros ni cabareteras,
y es que todo se pierde...) y allá estuvimos adaptándonos a la dura
vida del desierto hasta que, sobre las 12, presos todos ya de las
fiebres de Sonora, decidimos irnos para casa.
Nada más salir del
parking del Saloon, el Dr. Josetxu descubrió una extraña luz naranja
encendida que parpadeaba al lado del cuentakilómetros y es que
íbamos en reserva. El Dr. Oms supuso que se trataba de un sabotaje
porque ¿qué menos que entregar el depósito de gasolina lleno cuando
te confiscan un coche? Bueno, lo peor es que el sabotaje se había
realizado a gran escala: Nos habían cambiado las carreteras, los
letreros, también habían quitado las gasolineras y, por no haber, no
había ni tráfico. Al cabo de media hora, seguíamos dando vueltas,
ni pajolera idea de donde estábamos, la luz de la reserva brillando
cada vez más y el Dr. Josetxu nervioso pensando que diríamos a la
policía si nos quedábamos tirados sin gasolina en medio del
desierto, con un coche oficial del cuerpo de bomberos y con una
castaña del 15...

Milagro de San Selenicereus. ¡La señal
no existía antes!
Gracias a San Selenicereus, nuestro Santo
Patrón, virgen y mártir, una media hora más tarde de seguir dando
vueltas, nos encontramos de repente con una señal del motel delante
de nuestras narices, obra sin duda de un milagro de nuestro Patrón
porque ese letrero no existía antes.
La 1 de la mañana y nos teníamos que levantar a
las 5 para estar en el Jardín del Jefe a las 6. El Dr. Risco le
explica rápidamente al vigilante nocturno que somos bomberos
españoles que hemos venido para un congreso internacional en el
desierto de Sonora, nos levanta la barrera y en 5 minutos
estamos todos metidos en nuestras camas durmiendo como santos
cactuseros. |