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Suena
el despertador, 5 de la mañana. Frío de puta madre. Arrodillados en
la ducha intentamos despejarnos de las fiebres nocturnas pero la
resaca es considerable. Como sonámbulos acudimos a por el
desayuno.

Intentamos
explicarle a la camarera que no tenemos hambre y que queremos solo
café y alguna aspirina. La tía se mosquea, empieza a hablar
muy deprisa y el Dr. Risco asiente con una sonrisa. Resultado: Al
cabo de 5 minutos tenemos de nuevo tres platos de enchilada
idénticos a los del día anterior con una cafetera de dos litros
encima de la mesa. Dura es la vida del cactusero... Siguiendo
el ejemplo de nuestro Capitán nos zampamos el plato y dejamos vacía
la cafetera.
Llegada un pelín tarde al Arizona Cactus. El Jefe nos espera
impaciente y, mientras que nos invita a la primera Budweiser del día
a las 6.15 de la mañana (tiene una nevera dedicada únicamente a ese
menester), nos
explica que se trata de una jornada de entrenamiento para preparar
las futuras expediciones. David llevará una bolsa “de poder” donde
almacenaremos unas piedras mágicas y algún cactus que serán
plantados por la tarde en la “Plaza de España”, un lugar reservado
dentro del jardín que será inaugurado por los arrojados Doctores.
Nos explica
que iremos a iniciarnos a un lugar fácilmente accesible, El Pico del
Diablo Cojo, con la misión de localizar algún cactus para plantar
más tarde en su jardín.

Llegada al objetivo.
Comienza la misión.
Dicho y hecho. El Jefe coge una bolsa para guardar los cactus y un
pico, se pone al volante y llegamos al objetivo en una media hora.
Bajamos todos los doctores contentos y nerviosos. Por fin vamos a
descubrir nuestros primeros cactus salvajes.

Así que coge El Jefe la bolsa con el pico, nos dice "ándele
doctores, ándele", y echa a andar hacia arriba como una flecha.
El
Dr. Josetxu, loca juventud, le sigue de cerca aunque dando saltitos
y con comportamientos extraños.

A
cierta distancia, más lentamente, progresa el Dr. Oms quien no para
de proferir tacos y juramentos.

Más abajo, nuestro Capitán medita pensando en que ¿Por qué cojones
llamarán a este pico el Diablo COJO? ¿Que por qué?
Queridos amigos, tardamos un cuarto de hora en recorrer los cien
primeros metros. Todo, todo allí pinchaba. Las hierbas, los
arbustos, joder, todo era completamente hostil. David nos observaba
desde arriba muerto de risa mientras nos sacaba fotos y nos decía:
"Ándele Doctores, son ustedes exploradores, ¿no?, ándele".
Nada más dar nuestros primeros pasos, nos dimos
cuenta de que allí todo tenía púas. En tan solo unos pocos metros,
todos los expedicionarios sangrábamos por piernas y brazos, víctimas
de extrañas y hostiles plantas y hierbajos que parecían indicarnos
que ese no era nuestro sitio y se cebaban en nuestras inocentes
carnes cactuseras. Momento doloroso e inolvidable de desconcierto
general. El Jefe nos miraba y se partía de risa.
La
experiencia fue durísima e inenarrable. Casi renunciamos.
Pero, con dos pelotas, sangrando por todas partes y completamente
desconcertados, nuestro Capitán nos arengó y continuamos la
ascensión tras El Jefe. Aquello fue, o al menos nos lo
pareció, nuestro desvirgamiento cactusero, y sin vaselina. No
era de extrañar que si subía allí un caballo o un diablo acabaran
cojos. |