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Entonces El Jefe nos dijo que tenía que reunirse con el Dr. Risco
para comentarle unas cosas y mandó al Dr. Oms y al Dr. Josetxu que
mientras tanto buscaran por ahí algunos cactusitos jóvenes para
plantar luego en su jardín. El Dr. Risco y David se alejaron
un poco y nosotros nos pusimos a buscar cactus.

Encontramos una especie desconocida de Coryphanta que bautizamos
como Coryphanta josetxuensis.

También un extraño y desconocido ejemplar de Echinocereus que
bautizamos como Echinocereus omsiensis. Creo que también cogimos
alguno más y unas cuantas piedras mágicas para el saco de poder.
En esto volvieron David y Risco de su reunión. Pobrecitos,
llevaban los ojos rojos, sin duda por el esfuerzo. Pero qué le vamos
a hacer, dura es la vida del cactusero.

El Dr. Risco, un
monstruo de la Naturaleza.
Así que comenzamos la bajada de vuelta al coche.
Sorprendentemente, nuestro Capitán cogió la mochila del exhausto Dr.
Josetxu, e inició un vertiginoso descenso que nos dejó a todos
completamente anonadados. Cuando él llegó al coche, nosotros aún
andábamos a mitad de camino. El Jefe nos comentó que era
normal que un capitán diera ejemplo a su tripulación y alabó la
destreza y agilidad del Dr. Risco quien brincaba cerro abajo cual
muflón en celo.

En
fin, nos metimos en el coche, con el Dr. Oms como piloto, y partimos
raudos en busca de una taberna donde saciar nuestra sed y comer
algo, diciendo adiós al lugar donde perdimos nuestra virginidad
cactusera. La verdad, entre la resaca y demás, estábamos
deshidratados. |